​Ni Messi ni Maradona.  Hemos derrochado tinta, minutos de televisión y de radio y sinceramente nos ha quedado una previa muy bonita. El problema es que el partido ha sido muy feo. Todas las anécdotas Maradonianas, las historias de los carabinieri y las comparaciones con Messi quedaron en nada cuando el balón empezó a rodar.


La magia de San Paolo no apareció por ningún lado. El talento y las ocasiones, tampoco. El partido del Barça en global y de Junior Firpo en particular dejaron mucho que desear y nos hicieron recordar no ya únicamente a Jordi Alba sino especialmente a laterales del pasado, que ya tenías en la cantera y dejaste escapar. Es inevitable que los nombres de Cucurella o Grimaldo vinieran a la memoria ayer viendo a Firpo dar pases atrás compulsivamente a Umtiti.


Por si esto fuera poco, el partido se cobró dos facturas grandes: una para el Clásico y otra para la vuelta de Champions. Las preocupantes molestias de Piqué, indispensable en esta línea defensiva tan débil y la poca actividad neuronal demostrada por Arturo Vidal en los minutos finales dejaron al Barça tocado. La lesión de uno y la expulsión de otro podrían marcar a un equipo que ya de por sí llega con muy pocos efectivos al tramo decisivo de temporada.