Se equivocó, y mucho, Arturo Vidal con su expulsión en la noche de ayer. En apenas una jugada el chileno vio dos amarillas, fue expulsado y puso en un serio compromiso a su equipo para el encuentro de vuelta en el Camp Nou.

Arturo Vidal,Mark Borsch

Pecó de exceso de revoluciones. Uno de los atributos por los que se ha caracterizado Vidal en su carrera deportiva es su carácter competitivo. A Vidal le da igual que el partido sea de Copa del Rey ante un Segunda B, que los octavos de la ​Champions League, siempre lo da todo en el césped.


Pero ayer se pasó. El contexto invitaba a ello, aunque no justifica su actitud. Los aficionados del Nápoles le recordaron con asiduidad su pasado en la Juventus, hecho que sirvió para calentar al jugador y se pasara de implicación. Además de realizar una fea entrada a Mario Rui, se encaró con el rival y vio la roja. Todo ello en al borde del final del partido.


Ahora el problema es doble, tanto para el equipo como para el jugador. Más para el equipo que a la espera de que se recuperen jugadores como Jordi Alba o Sergi Roberto, solo tendría 12 jugadores disponibles para el partido de vuelta. Y todo ello sin tener la eliminatoria cerrada - aunque si favorable -, con 90 minutos por jugarse y con un calendario exigente en Liga.


Felix Brych,Arturo Vidal

Pero el jugador sale perjudicado. Su actitud, egoísta, pensando más en sí mismo que en el equipo, le hará perderse uno de los partidos trascendentales del año, justo cuando se puede decir que es titular con el ​Barça después de casi dos años. El Barça anda cojo en varias posiciones, pero precisamente no en el centro del campo, donde además se le estaba haciendo hueco para que jugase. Ahora, su actitud le puede jugar una mala pasada y no sería raro que viera algún partido desde el banquillo de nuevo.


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