Tigres visitó la capital una vez más y se fue con una nueva derrota en la ​Liga MX​, algo que no es una novedad y mucho menos si el rival enfrente es el ​Cruz Azul. Lo que sí levantó los ojos de muchos aficionados fue la eufórica celebración de Javier Aquino cuando empató momentáneamente el juego, como si todo su pasado se hubiera esfumado para hundir, con un sólo gesto, su integridad como persona agradecida,


Corría el minuto 62 del encuentro y en un contragolpe felino, los de San Pedro Garza mandaron a guardar el balón con un formidable remate de Javier Aquino, que se incrustó en la meta de Jesús Corona sin que nadie de sus compañeros de profesión pudiera hacer algo para evitarlo. Lo trágico fue cuando, al momento de celebrar la anotación, se llevó la camiseta y el escudo de Tigres a la boca y lo besó frente a la hinchada celeste que tantas veces cantó para él, como si Aquino les estuviera demostrando que había encontrado un nuevo y mejor amor.

Javier besó el escudo de Tigres y en ese instante se le olvidaron sus 93 partidos con el club que le dio su primera oportunidad, que confió en él para poder convertirse en futbolista profesional y que lo protegió como un hombre necesitado. Aquino despreció lo que ​Cruz Azul hizo por él desde su formación como niño, y lo cambió por un "nuevo amor" que encontró bajo el cobijo de los billetes felinos. 


Aquino confundió la pelea dentro de la cancha con la afición rival, como en cualquier deporte, con la relación que llevaba con la institución que lo vio nacer. Javier surgió del Cruz Azul, metió goles, lo exportaron a Europa y, por supuesto, besó el escudo de la máquina en señal de un sincero agradecimiento. 10 años después, como un hijo malcriado y desagradecido, les echó en cara su éxito deportivo y les festejó en la cara el gran presente que ahora vive. 


El futbolista de 30 años parece no saber que, sin el ​Cruz Azul en su vida, la casa que tiene, la comida con la que se alimenta y el coche con el que se transporte no existirían. Sin el abrazo de la Máquina en su vida, probablemente Aquino seguiría viviendo en Oaxaca, trabajando en el honroso empleo de su familia; pero sin haber hecho la fortuna que hoy ostenta y sin haber conocido todo el mundo gracias al fútbol que le forjó la academia del Cruz Azul. 

Qué fácil fue tirar todo lo que una institución hizo por ti para escupirles en la cara y en su casa. Así se demuestra cómo unos cuantos billetes pueden hacer que se confunda el amor y agradecimiento sincero por las oportunidades que vivió en su paso por la Noria, con el cariño hacia los billetes y confort que te da otro lugar.


El sábado 22 de febrero, Aquino debió perder el respeto por toda la afición cementera y todo aquel que reconoce de dónde viene, porque olvidar las raíces que forjaron a una persona es faltar el respeto a la integridad de uno mismo.


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