​Pumas de la UNAM, ese es el nombre registrado del club auriazul ante la ​Liga MX. Cada partido portan con orgullo los colores de la máxima casa de estudios y suelen utilizar el escudo de la universidad para complementar el diseño de la camiseta. Estén de acuerdo o no, los Pumas representan y juegan en nombre de la Universidad Nacional Autónoma de México, así que sus jugadores se deberían de comportar a la altura. 


El nombre no es de gratis, pues la grandeza del club se ha forjado con los valores de la institución tatuados en la mente de sus futbolistas y directivos; sin embargo, hace tiempo que Pumas perdió esa esencia que provocó respeto hacia el club y hacia la universidad que los respalda. 


La noche del martes 22 de enero, en Torreón se vivió uno de esos capítulos que te hacen sentir decepción por un equipo, que convierten el respeto que alguna vez se tuvo en repugnancia, casi llegando a la lástima. Martín Barragán sacrificó a un joven canterano para evitar salir expulsado por una mano al minuto 14, huyendo de sus responsabilidades y, peor aún, utilizando a un compañero de profesión para que pagara un castigo que no mereció. 


El afectado, Jesús Rivas, cumplió 17 el 29 de octubre del año pasado, seguramente con el deseo de debutar en primera división con el equipo que lo vio nacer. 75 días después saltó a la cancha del Estadio Olímpico Universitario para cumplir aquel sueño. Fueron 6 minutos, pero también fue sólo el comienzo de una carrera que, por el bien del fútbol mexicano, esperemos sea prolífica. 


Semana y media después del debut en primera división, iniciaba su primer cotejo como titular, ante ​Santos, pero la alegría duró poco, 14 minutos exactamente, ya que por la cobardía de su compañero Barragán, quien a sus 28 años fue incapaz de ponerse frente al árbitro y admitir que él había sido el responsable de la acción, su primera titularidad terminó en las regaderas precipitadamente. 


El pobre razonamiento de Martín Barragán sólo confirma que en el Pedregal, el orgullo azul y oro se tiene guardado en un cajón abandonado, ahí junto a los proyectos sólidos, el apoyo a la cantera, la exportación de jugadores, la garra, compañerismo, nacionalismo y vergüenza deportiva. Un discurso que debería estar escrito en cada puerta, pues Pumas es mucho más que un simple equipo del montón, es el representante de la Universidad Nacional. Eso se debe respetar y hacer valer en cada partido, con cada futbolista, sin excepciones. 


Si ​Pumas quiere regresar a lo que lo hizo grande, debe buscar en sus raíces, porque a este equipo se le perdonan los campeonatos, siempre y cuando respeten su esencia educativa, aguerrida, mexicana y joven, aquella con la que se hicieron de un nombre. Los juveniles son el verdadero significado de Pumas y Barragán pisoteó el máximo orgullo de la institución.