El martes cumplí 26 años. No hace demasiado tiempo que tenía 16, por lo que aún recuerdo aquellos primeros gritos de rebeldía en la adolescencia. Nunca fui el más chulo, ni chungo, ni nada que se le preciera, pero tampoco me eché atrás. La vida en los barrios de clase trabajadora proporciona un espíritu diferente, algo así he aprendido con el paso de los años. Echando la vista atrás, me recuerdo a mí y todas las veces que caí. Sé cuál fue uno de mis grandes errores, la retaguardia. Siempre pensaba en tirar hacia adelante, como sea, pero me olvidaba de reestablecer mis defensas, de que todo acto tiene consecuencia y si uno no se defiende, aunque todo lo haga con buena intención, puede terminar mal. Creo que al Barça le pasa lo mismo, son unos adolescentes repletos de acnés que se han olvidado de la defensa solo por aparentar.

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La seguridad te la aporta la defensa, esto es así desde que el mundo es mundo. Valverde otorgó a​ los culés la mejor defensa que se recuerda en los últimos tiempos, pero las críticas que cayeron contra él han hecho que esto cambie. Ahora el Barcelona es más atrevido y pretende dominar mucho más lejos de su área, pero a cambio deja huecos insalvables que terminan costándole goles y resultados. Deben cambiar esto contra el Real Madrid y volver a ser ese Barcelona infranqueable, critique quien critique.


Si el Barcelona sigue empecinado en que tiene que jugar como Johan Cruyff, perderá. Los espacios que deja atrás por hacer subir a sus centrocampistas hasta el borde del área y a sus laterales hasta línea de fondo, le costarán las rápidas subidas de Benzema y los brasileños, incluso puede que de Gareth Bale. Espacios en los que el Real Madrid, que ha mejorado a través de blindar su defensa, puede matar. Tal vez, y sin que sirva de precedente, Valverde deba mirar a Zidane, olvidarse de los sueños de adolescencia y de prepotencia del fútbol moderno, y regresar a su fútbol, pese a quien pese. Esta es la única forma de que el Barcelona no sufra contra​ los merengues.