El Atlético de Madrid regresa este miércoles a la competición que más le ha hecho sufrir en los 119 años de historia del club. La Champions, deseo y anhelo de la afición rojiblanca, ​vuelve al escenario en la que se despidió la pasada temporada, el Wanda Metropolitano. Una final a la que los jugadores y cuerpo técnico juraron y perjuraron hacer todo lo posible por llegar, ya que les hacía "especial ilusión por disputarse en su estadio", palabras del entonces capitán, Diego Godín.



Nada más lejos de la realidad, Turín fue la tumba de los sueños de un club que demostró poca ilusión, y una falta de actitud enorme en una noche donde la pesadilla de los madrileños volvió a ser Cristiano Ronaldo. En aquel entonces nadie conocía el famoso pre-contrato de Griezmann con el Barcelona, y el francés parecía perdonado por una afición que ahora, tras su marcha, muestra hostilidad hacia él. 


Pero ahora, ni la final es en casa, ni Griezmann está en el club. Dos de los incentivos del curso pasado esfumados de un plumazo para un Atlético de Madrid que debe buscarlos en otros agentes, o simplemente en la ilusión de por fin, conseguir lo que el Metropolitano extraña, la Copa de Europa. No valen excusas porque llega la Juventus que le ridiculizó en su estadio. No valen excusas porque este año la inversión en fichajes que aportan ilusión y ganas, es enorme, y no valen excusas porque el crédito se le va acabando a un entrenador que hace dos años no pasó de fase de grupos, y el pasado perdió una ventaja de dos goles.



Argumentos le deben sobrar a todos, al último que se abonó al club hasta al capitán del equipo. A Simeone el que más, porque son años cargando con dos pesos que nunca podrá olvidar, Lisboa y Milán. Pero el club grande se sobrepone, porque así actúan los colosos de este deporte. El Atlético tiene la enésima oportunidad de demostrar que es un grande del continente, y el camino empieza en casa, frente al pasado. Sin excusas, y con muchos argumentos.