El lateral brasileño lleva años siendo una pieza clave en la plantilla del ​Real Madrid, un jugador indiscutible en ​el once blanco que ha levantado cuatro ​Champions League en cinco años, tres de ellas consecutivas, pero que actualmente no pasa por su mejor momento. El bajo rendimiento del brasileño ha permitido a Sergio Reguilón arrebatarle el puesto, adelantarle por la derecha y ganarse la confianza de Solari.


En este caso no es solo cuestión de preferencia o manía, aquí los números no engañan. En los últimos nueve partidos que Marcelo ha saltado al césped desde el pitido inicial del árbitro, el Real Madrid ha caído derrotado en seis ocasiones, incluida la de hoy en ​La Liga ante el Girona, ha empatado dos y ha conseguido tan solo una victoria, la que cosechó por la mínima ante el Rayo Vallecano en el Santiago Bernabéu.



Los resultados no acompañan ni ayudan al siempre alegre futbolista, que desde verano ha sufrido un tremendo bajón. Marcelo nunca se caracterizó por sus grandes habilidades y aptitudes defensivas, el brasileño siempre ha sido valorado por su gran proyección en ataque por la banda. Un carácter ofensivo que le ha costado más de un disgusto al conjunto blanco, tristezas que se quedan en nada cuando observas la gran cantidad de veces que Marcelo, anotando él mismo o asistiendo a un otro, ha levantado a la afición blanca de sus asientos.


Sin embargo, este no parece ser el año del lateral de Rio de Janeiro, pues su magia en ataque está pasando desapercibida, haciendo aún más notables sus carencias defensivas. Esta situación ha generado ya mucha controversia en las últimas semanas, llegando incluso a afirmarse en algunos medios que Marcelo habría llegado a un acuerdo con Solari por el cual no recuperaría la titularidad hasta que perdiese algunos kilos y recuperase su mejor nivel.


Marcelo


Marcelo tiene entonces una difícil tarea, pues Reguilón está cumpliendo siempre que salta al campo, pero ahora que llega la parte decisiva de la temporada es cuando todos los futbolistas con ADN Real Madrid, y en eso el brasileño va sobrado, meten una, dos, o incluso tres marchas más. El lateral tendrá que apretar los dientes, trabajar y demostrar por qué sigue siendo uno de los mejores jugadores del mundo.